Cuando se piensa en Mendoza, es inevitable imaginar la Cordillera de los Andes, los viñedos y los paisajes que hicieron de esta provincia uno de los grandes destinos vitivinícolas del mundo. Pero detrás de cada finca hay también historias familiares, trabajo y generaciones que apostaron por una tierra que hoy es protagonista del turismo enológico. En el Valle de Uco, a los pies de la cordillera, se encuentra la Casa de Huéspedes de Finca La Azul, un proyecto familiar que integra producción agrícola, vitivinicultura, gastronomía y turismo y que invita a conocer la región desde adentro.
Al frente de la finca se encuentra Shirley Hinojosa, productora agropecuaria, empresaria y referente del turismo receptivo de Mendoza. La historia de Finca La Azul comenzó mucho antes de convertirse en una casa de huéspedes: fue el resultado de la visión de su padre, quien en 1964 compró tierras en el Valle de Uco. “Nació y sigue siendo una empresa familiar. Mi papá fue el primer productor de Mendoza de uvas arriba de los mil metros. Él compra en este Valle de Uco en 1964. El primer inversor llega en los ‘80 y el desarrollo de esta zona empieza en el ‘93 con otro vecino. Tenemos el orgullo de decir que somos los únicos sobre la Ruta 89 nacidos y criados en el Valle de Uco”, contó Shirley en Poné Noticias, en Radio Con Vos.
Ese vínculo con la tierra y con la historia de la región es, justamente, uno de los principales valores que la familia busca transmitir a quienes llegan desde distintos puntos del país y del mundo. Para Shirley, recibir turistas significa mucho más que ofrecer alojamiento: es la posibilidad de compartir una forma de vivir y mostrar las distintas culturas que construyeron la identidad argentina. “Para nosotros es importantísimo que cada persona que nos visite se vaya contenta y conociendo las grandes virtudes que tenemos en Argentina. De ser, por ejemplo, un pueblo con nativos, con españoles, con italianos, con judíos, con árabes, y que todos vivimos en armonía. Por eso en el hotel las noches son temáticas, mostrándoles que se recibe a todo el que quiera habitar el suelo argentino”, explicó en diálogo con Rubén Suárez.
Ubicada a los pies de la Cordillera de los Andes, entre viñedos y frutales, Finca La Azul propone una experiencia que combina naturaleza, producción y gastronomía. El proyecto cuenta con un restaurante a cargo de uno de los hijos de Shirley, además de la bodega y las fincas donde se producen distintas variedades de frutas y uvas. “La experiencia es absolutamente completa. Hoy está el restaurant de mi hijo Ezequiel, que recibe muchísimas personas, tanto extranjeras como locales. Todos los que trabajamos somos familia. Acá nadie es un número, todos nos conocemos. Tenemos la bodega y las fincas. Producimos durazno para industria, para el consumo en fresco y producimos Chardonnay, Cabernet, Cabernet Franc, Pinot Noire, Malbec y Sauvignon. O sea que tenemos toda la producción para la bodega”, detalló.
Pero, sin dudas, uno de los grandes protagonistas de la experiencia es el paisaje. Cada habitación de la Casa de Huéspedes de Finca La Azul tiene una vista increíble que permite disfrutar de la cercanía con la Cordillera de los Andes. “Todas las habitaciones dan a la montaña. Este pedazo de Mendoza no tiene pre cordillera. Lo que ves directamente es la Cordillera frontal. En unos 30 kilómetros ya estás en plena Cordillera de Los Andes”, describió Shirley sobre el imponente paisaje.
Lo que comenzó como su propia casa fue creciendo de a poco hasta convertirse en un alojamiento con distintas propuestas. “En el inicio esto era mi casa, chiquita, no más de 40 metros, y empezamos a crecer de apoco. Tenemos 6 habitaciones que fuimos agrandando y 4 habitaciones más muy importantes que son ecohabitaciones. Porque también como empresa tenemos certificado internacional de sustentabilidad; entonces esas habitaciones tienen características ecológicas como el uso de energía solar, la división de aguas grises y negras y son totalmente térmicas con doble vidriado”, explicó.
La identidad familiar también atraviesa cada espacio de la casa, donde los visitantes pueden encontrarse con fotografías y recuerdos de distintas generaciones. “La casa está llena de recuerdos de familia, de fotos de mis hijos, de mis nietos. Nosotros somos lo que somos y queremos mostrar lo lindo de Argentina”, afirmó Shirley.
Convertir una vivienda familiar en una casa de huéspedes que recibe visitantes de diferentes partes del mundo implicó trabajo y una fuerte apuesta por la atención personalizada. Para la referente del turismo receptivo de Mendoza, una de las claves del crecimiento fue escuchar a quienes llegan y responder a sus necesidades. “Fundamentalmente yo creo que al estar nosotros pendientes de los deseos de nuestros huéspedes, nosotros somos producto del boca en boca. Obviamente usamos todas las redes que tenemos disponibles pero creo que el mayor éxito viene del boca a boca”, sostuvo.
La propuesta se completa con el turismo enológico. Finca La Azul destina parte de su producción anual a la elaboración de sus propios vinos en Bodega La Azul, una alternativa que permite a los visitantes conocer también el proceso productivo detrás de las etiquetas.
En un contexto en el que el consumo de vino atraviesa dificultades a nivel global, Shirley reconoce los desafíos que enfrenta el sector, aunque destaca las posibilidades que ofrece la cercanía con los grandes centros urbanos. “Hay una crisis que es a nivel mundial, no es solamente de Argentina, por lo menos en el consumo de vinos. Nos favorece que la venta y distribución la hace otro de mis hijos que vive en Buenos Aires, a través de una cooperativa. Los de Buenos Aires pueden pedir los vinos de La Azul directamente ahí y con muy poca diferencia del precio de bodega”, señaló.
Con su combinación de paisaje, producción, gastronomía, alojamiento y vinos, Finca La Azul forma parte de un Valle de Uco que se consolidó como uno de los grandes destinos turísticos de Mendoza. Para Shirley, recorrer la región es también acercarse a una forma de producción que genera trabajo y construye una importante cadena de valor alrededor del vino. “Valle de Uco no se lo pueden perder. Se habla mucho de Napa Valley, de muchos lugares vitivinícolas… Hoy nuestra zona yo creo que es una de las mejores del mundo”, invitó.
Y detrás de ese paisaje turístico existe también una economía que involucra a productores, trabajadores rurales, bodegas y prestadores de servicios. “Visitar Valle de Uco es visitar una esencia, lo que es la agricultura no extensiva, la agricultura que hace que nosotros tengamos el mejor de los trabajos, que es generar empleo. Porque atrás de una botella de vino en solamente un campo se producen 60 jornales. Imagínense después en bodega, después en turismo… es una cadena de valor muy importante que hay que cuidarla porque genera mucho empleo”, concluyó la productora mendocina.















