Homenaje de Fiestasycaminos.com.ar a las Madres de Argentina en su Día
*Por Karina Ocampo
María Herrera es una madre, abuela y bisabuela catamarqueña. El 12 de diciembre cumplirá 80 años y todavía no sabe si el festejo será grande o tal vez íntimo, lo cierto es que hay mucha gente que la quiere y desea celebrar su existencia. “Les había pedido a los hijos que no se pongan en gasto porque está tan difícil la vida y ellos tienen su gasto. Pero no sé, hasta la fecha no sé cómo irá a ser mi cumpleaños. Será un día como cualquier día, no sé. Siempre tratamos de juntarnos cuando son los cumpleaños”.
Nacida en Humaya, departamento Ambato, llegó a El Rodeo cuando era una niña, y ya se quedó. “Aquí en el Rodeo me casé y formé la familia que tengo con siete hijos y bueno, tendría hasta ahora 16 nietos, 12 bisnietos”, dice con una sonrisa. Se siente feliz de haber podido criar a sus hijos, y haber ayudado a criar a sus nietos, orgullosa de la familia que tiene. A pesar de haber tenido una vida dura, con mucho sacrificio, según relata, siempre trabajó. “Gracias a Dios y a la Virgen, aquí estoy de pie”.
María tuvo la suerte de empezar a descubrir el mundo cuando era muy chica: con 10 u 11 años, acompañó a una maestra que enseñaba en Huasi Ciénaga, un poblado muy chiquito en el cerro, que pertenece a Villa Vil, en Belén. “Volví a salir para terminar mi primaria que fue sexto grado”. Por aquellos años se acostumbraba a que la niña se quedara en casa de familia y realizara tareas del hogar para seguir estudiando. De esa manera terminó sexto grado en la primaria en la Escuela 291 en la ciudad de San Fernando, después vinieron otras familias, y amplió sus horizontes. “Conocí Entre Ríos, en Buenos Aires también estuve porque me llevó una cuñada para hacerme estudiar allá. Pero estuve muy corto tiempo, como un mes y algo y me tuve que venir”. En su casa la necesitaban, y también la extrañaban.
Con sus conocimientos de corte y confección, y las tareas domésticas siempre pudo ganarse su dinero. También cuando se casó. “Yo siempre trabajé en casa de familia y en mi casa, recibiendo ropa, lavando. Ese era mi trabajo y con eso crié a mis hijos”.
Por aquellos años, El Rodeo no era como ahora, una villa turística que gana concurrencia en verano. “Era una población, pero no tanto como es ahora, y era muy lindo porque antes había mucho cultivo de chacra y esas cosas que sabía poner, había muchísima fruta que ahora ya no hay”.
De la fruta se hacía mucho dulce, todavía existe en la región la costumbre de elaborar dulce de membrillo, pero hace un tiempo ella eligió dejar de hacerlo. «Si quiero comer, compro. Porque ya es una tarea para mí medio pesada. Así que ya dejé de hacer dulce, pero sí, sí me gustaba hacer, incluso para hacerles el sándwchito que lleven los hijos a la escuela. Al no haber plata para darles que compren, siempre era el sándwichito del pan con dulce”.
A su marido, Ángel Ramón Navarro, lo conoció en El Rodeo y tiempo después se casaron. “Yo ya tenía dos niños que eran míos y después ya vino la primera que fue del matrimonio y después siguieron los demás”. Él era una persona muy útil para el pueblo, cuenta María. “En el sentido que sabía hacer mucho trabajo, ya sea de plomería. Todo le entendía, arreglaba cocinas, por ejemplo. Y después trabajaba en la repartición de hidráulica”. El señor Navarro también cortaba piedra y la vendía, un oficio artesanal que se ha ido perdiendo con el tiempo.
El secreto mejor guardado
Las épocas cambian pero María Herrera es una mujer vital. ¿Cuál es su secreto? Puede que sea el baile, en tiempos de su marido, a los dos les gustaba salir a fiestas. Después de quedar viuda, al año siguiente la buscaron para integrar un grupo. “Era creo que del centro de ex alumnos, para bailar el pericón. Y bueno, y después siempre estuve así en grupo que me buscaran para que baile y siempre me ha gustado bailar”.
En su casa guarda fotos de los bailes, los recuerda con cariño. “Y un grupo lindo eran, sí, mucho compañerismo, muy buenos los chicos, siempre me cuidaron”. Después empezó en el ballet de la municipalidad. “Creo que llevo para los 13, 14 años, creo, si no me falla la memoria. Pero siempre en actividad con la danza. Ahora voy a yoga, voy al grupo de adultos mayores también, que también hacemos este ejercicio, juegos. Muy lindo, una manera de distraerme, que es lo que me está ayudando mucho para mi salud”.


Dentro del Festival Nacional e Internacional del Poncho bailaron en el stand de El Rodeo y otra vez participó con la delegación de Ambato. “Y aquí en en el departamento Ambato nos presentamos siempre en Las Juntas, en los Varela, en el aquí en la Puerta. Pero siempre así en la actividad”.
Ante la pregunta de qué se siente al estar delante de mucha gente, ella responde: “Y gracias a Dios yo siempre me mantuve tranquila. Nunca me puse nerviosa así como para decir, «No lo puedo hacer.» Siempre tratando en la manera de decir, «Bueno, hacer de cuenta como que estoy sola con el grupo de danza. Y eso me ayudó mucho a no tener este miedo de salir a un escenario.


Hoy ella se encuentra con un tratamiento con un neurólogo por un problema que tuvo de salud. “Eso me ayuda mucho a estar bien. No fue un ACV, me atendieron muy a tiempo y tengo la medicación para recuperarme”. Además de hacer sus actividades diarias, como cocinar y limpiar, María disfruta del jardín y toma a las plantas como una terapia. Mira poca tele, pero le gusta la radio. “No soy muy de quedarme horas y horas, así un rato y nada más. La radio sí, la radio sí me acompaña todo el día”.
Le gusta toda clase de música. “Y me gusta mucho sí el folklore, después me gusta por ejemplo escuchar tango, paso doble, todo lo que sea así de temas del recuerdo. A veces canta, por ahí se la puede escuchar cuando improvisa canciones, silbando.
Tiene la oportunidad de elegir yoga porque siente que le hace bien. “Y me gusta, sí, me gusta incluso compartir con el grupo, que es lo que más me motiva compartir momentos así, aunque sea de pocos horas o minutos”. Desde hace muchos años también forma parte de la Liga de Madres, también fue su presidenta. “Después me integré en el grupo de jubilados, que ahora en la actualidad estoy como presidenta del Centro de Jubilados. Y siempre así, trabajando, ayudando, colaborando siempre en lo que se pueda hacer”.
Cada vez que pueden, hacen salidas a algún lugar. La última fue a la Laguna Collagasta. “Entre esas fuimos también aquí a los Varela, que compartimos con los jubilados de ahí. Ellos también vinieron a visitarnos aquí también”. Otros viajes fueron a Córdoba, en peregrinación con gente del Rodeo, y de otros puntos de Catamarca, a la peregrinación al Santo Brochero a Córdoba. “Encuentros muy lindos con el misionero padre Jorge, que es el que está misionando como lo hacía Brochero. Me he quedado con esos lindos recuerdos con los que participé viajando de aquí y el encuentro allá”.

Le gusta su pueblo cuando está más tranquilo, no tanto cuando se llena de gente en verano, o con la semana del estudiante, cuando la villa turística no duerme de tanta fiesta juvenil.
Entre las tristezas, María cuenta que tuvo la desgracia de perder un hijo que tenía 38 años. “Pablo fue actor de teatro”. Las fotos en su casa lo recuerdan. Sonríe con ternura cuando muestra una foto en la que le había anticipado que pusiera cara de sorpresa al recibir un regalo.


El resto de la familia se reparte entre El Rodeo y la ciudad. Los chicos estudian, trabajan. Con ella viven tres hijos. “Los demás van y vienen. Se puede decir por el trabajo o por los hijos. Y a los nietos les gusta”. A los bisnietos les gusta ir, pero aún son pequeños, salvo el mayor, que ronda los 19 años.
Toda una vida
María Herrera elige vivir con plenitud cada día. Eso la transforma en un ejemplo, aunque para ella sea lo más natural. “Me gustaría seguir aquí porque ya estoy en este pueblo, ya decidí quedarme hasta que Dios me diga. Siempre estoy pidiéndole a Dios por todo, lo poco y lo mucho que tenga, por la salud de la familia.Siempre estoy pidiéndole a Dios que me ayude a levantarme el día que sigue, a estar bien y poder hacer mis actividades, porque gracias a Dios las puedo hacer yo”.
La madre rodeína agradece a Fiestas y Caminos y recomienda conocerlo. “Y sí, el que pueda disfrutarlo como sea, que lo haga. Porque siempre es lindo de conocer otros lugares, no tan solamente donde uno vive”.
Muchas gracias, María Herrera por el testimonio y tu ejemplo de vida.
*Para Fiestas y Caminos, Karina Ocampo





